Cinco errores que cometemos cuando vivimos en una comunidad de propietarios

La convivencia dentro de una comunidad de propietarios, como cualquier otra convivencia, implica conseguir un equilibrio entre los derechos individuales y las normas colectivas que en muchas ocasiones resulta difícil mantener.
La mayor parte de los conflictos que surgen entre vecinos y que solemos atender habitualmente en nuestro despacho no nacen de la mala fe sino de pequeños errores legales que se cometen casi siempre por puro desconocimiento de las normas. La mayor parte de las veces, conductas aparentemente inofensivas pueden acabar en requerimientos formales, sanciones o incluso procedimientos judiciales.
Estos son cinco errores frecuentes que nos sirven como ejemplo de esto que acabamos de comentar y que pueden ayudarte a entender tu situación legal y a solventar inconvenientes antes de tener un problema más serio con tu comunidad de propietarios.
1.Hacer obras en casa sin comunicarlo a la comunidad.
Uno
de los errores más habituales es pensar que, al tratarse
del
interior
de la vivienda, podemos llevar a cabo cualquier obra libremente y no
siempre es así.
Aunque
la ley permite que el propietario de cada piso o local modifique los
elementos arquitectónicos, instalaciones o servicios de su inmueble
no puede menoscabar o alterar la seguridad del edificio, su
estructura general, su configuración o estado exteriores ni
perjudicar los derechos de otro propietario.
Además,
es obligatorio comunicar previamente la obra a quien represente a
la
comunidad. En el resto del inmueble no es posible realizar alteración
alguna y, si se advierte la necesidad de hacer reparaciones urgentes,
el modo correcto de proceder es comunicarlo sin dilación al
administrador
de la comunidad.
2. No hacer las cosas bien y luego querer impugnar los acuerdos.
Es frecuente que algunos propietarios acudan a una junta, no muestren claramente su opinión frente a los demás porque les resulta complejo el enfrentamiento con sus vecinos en ese momento y luego quieran impugnar un acuerdo. Y entonces no es tan fácil.
Para poder impugnar un acuerdo de la junta, es necesario haber votado en contra del acuerdo y solicitar que así conste en el acta correspondiente o haber estado ausente. Y además es necesario estar al corriente de pago de las deudas comunitarias o haber procedido previamente a la consignación judicial de las mismas. Especial cuidado requiere el caso en que hayamos permitido que otro vecino nos represente en esa junta. Si no le hemos dado por escrito instrucciones precisas de nuestro sentido de voto, será él el que decida y eso debemos tenerlo en cuenta al pensar en quién confiamos esa responsabilidad.
La pasividad en la junta o al delegar nuestra participación en la misma puede traducirse, en la práctica, en la aceptación de decisiones que luego resultan difíciles de combatir.
3. Pensar que no pagar las cuotas o las derramas puede utilizarse como forma de presión o desacuerdo.
Retrasar
o dejar de pagar las cuotas comunitarias es otro error muy
común.
A veces se hace por desacuerdo con la gestión o como forma
de
presión,
pero lo cierto es que no pagar nunca es una solución válida
desde
el punto de vista legal.
Las deudas con la comunidad pueden derivar en un procedimiento judicial relativamente ágil que permite embargar bienes del deudor. Además, el propietario moroso pierde el derecho de voto en las juntas y la posibilidad de impugnar los acuerdos.
La
obligación de contribuir a los gastos comunes existe
con
independencia
del grado de satisfacción con la comunidad.
Por otro lado, los retrasos o impagos justificados genera otra situación injusta: el resto de propietarios tiene que aportar más para hacer frente a los pagos que se generen y que no pueden cubrirse como consecuencia de esta morosidad.
4. Molestar a los vecinos pensando que "es algo puntual".
Ruidos,
fiestas, obras fuera de horario o actividades molestas
suelen
justificarse
con la idea de que tan solo son situaciones esporádicas.
Sin
embargo,
la reiteración o la intensidad de estas conductas puede
convertirlas
en un problema legal.
La
normativa no solo se centra en la continuidad, sino también en
el
nivel
de molestia. Una actividad puntual pero especialmente intensa
también
puede ser sancionable. La comunidad puede requerir formalmente
el
cese de estas conductas y, en casos graves, acudir a
los
tribunales.
El
criterio no es tanto la intención como el efecto sobre la
convivencia.
5. Utilizar zonas comunes como si fueran propias.
Portales,
pasillos, patios, garajes o azoteas son espacios
compartidos,
pero en la práctica algunos vecinos los usan como si
fueran
una extensión de su propiedad: dejar bicicletas, instalar
muebles,
colocar plantas, ocupar plazas no asignadas o cerrar zonas comunes.
Este
tipo de conductas, aunque parezcan menores, suponen una
apropiación
indebida de espacios comunes y pueden ser objeto de
requerimiento
por parte de la comunidad. Además, pueden generar
problemas
de seguridad o accesibilidad.
El
uso de los elementos comunes está regulado y debe respetar tanto
su
destino
como los derechos del resto de propietarios.
Una idea final.
La
mayoría de los conflictos en comunidades de vecinos no surgen
por
grandes
decisiones sino por pequeños gestos cotidianos que se repiten
sin
ser cuestionados. El problema es que, cuando escalan, ya no
se
perciben
como detalles sino como incumplimientos legales.
Conocer
las reglas básicas de la propiedad horizontal no solo
evita
problemas,
sino que facilita algo aún más importante: una
convivencia
razonable.
Porque, al final, vivir en comunidad no consiste en imponer
derechos
sino en entender sus límites.
